Cleopatra

Resumen Biografía de Cleopatra
Atractiva y talentosa, Cleopatra fue también una hábil política que -como se estilaba en aquellas épocas-vinculó estrechamente sus amores con las razones de Estado. No fue un desengaño sentimental lo que la llevó al suicidio, sino la derrota de Marco Antonio a manos del futuro emperador Augusto, que frustraba su aspiración de preservar a Egipto independiente.

Entre las mujeres famosas de la historia, Cleopatra ocupa un lugar destacado. Ello es tanto más notable si se piensa que los vencidos rara vez tienen oportunidad de contar su versión de cómo sucedieron las cosas, y por eso la imagen conocida hasta hace poco de la reina de Egipto se hallaba fuertemente influida por los prejuicios y las pasiones de sus enemigos victoriosos.

Cleopatra VII, hija de Ptolomeo XIII, nació en 69 a. C. y era descendiente de un antiguo linaje de monarcas de origen helénico, lo cual no obstaba para que su pueblo la saludase con los mismos epítetos con que había honrado a los faraones de la época de las pirámides “hija del Sol” y “encarnación de Isis”, entre otros.

En los muros de los templos se grababa su imagen ataviada con insignias iguales a las que habían llevado los antiguos faraones: la doble corona del Alto y del Bajo Egipto, los cuernos y las plumas de Amón y la serpiente real sobre la frente. Y sin embargo la historia tiende a recordarla como una empedernida seductora, una Circe alejandrina, que enredó en. sus dulces lazos a hombres como Julio César y Marco Antonio y los perdió.

RAZÓN DE AMOR Y RAZÓN DE ESTADO
La realidad no es, desde luego, tan simple como esta fábula erudita pretende hacerlo creer. En primer lugar, ni César ni Antonio eran precisamente inexpertos en lides amorosas: por el contrario, ambos eran, cada uno a su manera, consumados amadores tan conocidos en Roma por sus conquistas femeninas como por sus hazañas militares. César, especialmente, adúltero recalcitrante, era apodado “el marido de todas las mujeres”.

Era realmente difícil sustraerse al encanto de la personalidad de César, a la gracia displicente y aristocrática de sus maneras, a su seguridad y aplomo imperturbables de hombre de mundo. Por su parte, Antonio atraía poderosamente por su carácter jovial, franco, generoso, su trato familiar y abierto, y por su estatuaria belleza varonil.

Entre cada uno de ellos y Cleopatra se desarrolló el clásico juego del intento de seducción recíproca, pero en ningún caso las razones subyacentes fueron puramente eróticas. Los tres protagonistas eran por sobre todo personalidades políticas, en los tres poderosas razones de Estado se agregaban a la atracción física, y cada uno perseguía en la relación sus propios objetivos.

Los móviles de Cleopatra no podían ser más claros, y a ellos respondió a lo largo de su vida con una tenacidad que asombra y una habilidad que suscita admiración. Presintiendo que el apogeo de Roma marcaba la hora final del reinado de los Ptolomeos sobre Egipto -el último Estado independiente en las costas del Mediterráneo-, apoyó a quienes propiciaban el fin de la República romana y aspiraban a establecer el Imperio.

En efecto, bajo la República, Egipto hubiera sido conquistado y reducido a provincia, con un pretor al frente, más temprano que tarde. En cambio, si obtenían la supremacía quienes, como César, consideraban que “la República no es ya más que una palabra” y proyectaban hacer de Roma una monarquía, Cleopatra podía especular esperanzadamente con el juego de las alianzas matrimoniales y las dinastías, cuyos hilos manejaba con maestría. En realidad, sus planes no se limitaban a mantener la autonomía egipcia. Aspiraba a instalar en Roma una dinastía de estirpe tolemaica y solo la derrota sufrida en Actio frustró definitivamente sus ambiciones.

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Ley de la atracción

Esta ley existe desde el comienzo del tiempo.  Siempre existe, rige a todo el Universo. Uno activa esta ley a través del pensamiento. Haanel describió a esta ley como “la más grande e infalible de la que depende todo el sistema de la creación”.  Todas las religiones la han transmitido en sus relatos e historias.  Esta ley, omnipresente en todas las eras, se puede encontrar en narraciones antiguas de todos los tiempos. Fue grabada en piedra en el año 3000 a.C.  Assaraf se refiere a esta ley como un imán. Uno es el imán más poderoso del Universo, un poder magnético en tu interior que es más fuerte que ninguna otra cosa de este mundo y este poder insondable se emite a través de tus pensamientos. Te convierte en lo que más piensas, pero también atraes lo que más piensas. Tu vida es un reflejo de tus pensamientos, incluye todo lo bueno y malo.  Dooley dice que los pensamientos se materializan en objetos. Haanel dice “el pensamiento o actitud mental predominante son el imán, y la ley es que lo semejante atrae a lo semejante, por consiguiente, la actitud mental atraerá invariablemente aquellas condiciones que se correspondan a su naturaleza”. O sea, los pensamientos son magnéticos y tienen una frecuencia. Cuando piensas, esos pensamientos son enviados al Universo y atraen magnéticamente todas las cosas semejantes que están en la misma frecuencia.  Todo lo que se envía vuelve a su origen y ese origen eres Tú. (The secret).